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Archive for 28 mayo 2009

temachappal

Mi abuela siempre decía que lo barato sale caro. Era hija de una familia humilde, pero ella parecía una princesa en cualquier ocasión. Elegante, refinada, siempre era capaz de encontrar la frase perfecta para hacer sentirse bien a cualquiera.

Por fortuna, llegó a la jubilación con una buena pensión que le permitía elegir sus compras basándose en el precio. Si era caro, le gustaba.

Cuando me decidí a hacer esta tarta de té sencha, no me acordé de sus sabios consejos. ¿Resultado? Una picadora rota que me va a costar más repararla que lo que pretendía ahorrar. Ahora os explico cómo fue todo.

Después de ver esta magnífica receta, me puse en la búsqueda del té matcha. En las primeras tiendas especializadas que visité no lo tenían.

Sólo pude encontrar uno muy parecido, el té sencha, también aromático y delicado, pero de un color más apagado y presentado en hebras más gruesas, no en polvo.

Llegué a otra tienda y, al preguntar, la dependienta me miró de arriba abajo, como pensando ¿Éste quiere matcha? Con aires de joyera, sacó de un cajón una bonita cajita que contenía 30 gramos del preciado tesoro.

¿Cuánto vale? pregunté yo todo ufano. 30 euros me dice. Así, sin avisar. !A 1000 euros el kilo! No me lo podía creer, ni el Beluga cuesta eso.

Así que volví a la primera tienda a por el sencha, en el que 100 gramos me salieron por menos de cuatro euros. Y aquí empezaron mis problemas.

Al llegar a casa, me di cuenta de que la textura de mi té no casaba con la delicadeza del que había visto en internet. Tenía que convertirlo en polvo. Así que pensé que el accesorio picadora de mi maravilloso minipimer me iba a solucionar la papeleta.

Empiezo a triturarlo y al principio iba bien,  pero al poco tiempo empiezo a notar que las cuchillas empiezan a rozar con el vaso. Lo desmonto y me doy cuenta que debido al calor producido por el uso intensivo, se había derretido una parte plástica y las cuchillas se habían desplazado, destrozando el aparato por completo.

Lo que me había ahorrado en té, ahora me lo tendré que gastar en una picadora nueva. Eso sí, la tarta quedó muy buena. Y es que, a veces, lo barato sale caro.

Ingredientes (Para un molde de 21 cm)

Para la masa de galleta:
155 gr de galletas
30 gr de chocolate
50 gr de mantequilla

Para la i-crema de chocolate
125 gr de chocolate negro 70%
2 yemas de huevo
50 gr de azúcar glass
160 ml de leche entera
160 ml de nata líquida 35% m.g.
3/4 hoja de gelatina
2 cucharadas colmadas de cacao puro 

Para la mousse de té sencha provocativa
2 hojas de gelatina
200 gr de leche
20 gr de polvo de té sencha (o macha)
2 huevos
180 gr azúcar
160 ml nata 35% m.g.

Elaboración:

Vamos por partes.

1.- Hacemos la masa de galleta. Trituramos las galletas y las mezclamos con el cacao y la mantequilla a temperatura ambiente hasta componer una masa homogénea. Se rellena con ella el fondo del molde creando una capa lisa y compacta. Se mete en la nevera durante una hora o hasta que tenga consistencia.

2.- El primer paso de la crema de chocolate es hidratar la hoja de gelatina en agua fría. Fundimos el chocolate al baño maría o en el microondas. Por otra parte, blanqueamos las yemas con el azúcar. Calentamos la leche junto a la nata hasta que empiece a hervir.

Cuando esto suceda, se le añaden las yemas con el azúcar y el chocolate fundido. Por último se añade la gelatina escurrida. Se deja atemperar un poco y se echa sobre la base de galleta. Otra vez a la nevera para tome consistencia.

3.- Para la mousse también necesitamos hidratar gelatina.  Infusionamos el té en leche caliente durante unos minutos. Luego, se cuela y se vuelve a calentar junto a la nata. Se montan las claras y se les va añadiendo el azúcar, intentándo retener todo el aire posible.

Por otra parte, calentamos la mezcla de té y nata y le añadimos las yemas sin dejar de remover. Por último, se agrega la gelatina escurrida. Esta mezcla se va incorporando a las claras, con todo el cuidado del mundo y, por último, se echa sobre la anterior mousse de chocolate, una vez atemperada.

4.- Se decora y se disfruta.

Tarta de té sencha

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pastayensalada

Muchas cosas que hacer y poco tiempo para malgastar. Los lunes me levanto con el turbo puesto, preparado para dejar la lista de things-to-do a cero. Casi nunca lo consigo pero el stress siempre está presente.

Como además el lunes el mercado está cerrado, hay que idear propuestas de urgencia para limpiar la nevera como la que os muestro a continuación.

Ninguna es para ganar estrellas Michelín, pero os propondré un par de truquillos para quedar como un señor; una vinagreta poco conocida y algún secreto para hacer la pasta como la nonna.

Vamos por la pasta. Aglio, olio e peperoncino es uno de los condimentos para la pasta más extendido. Nacido en la región de Roma, ahora forma parte del repertorio culinario de toda Italia, por no decir de todo el mundo. El secreto, como casi siempre, la calidad de los productos.

Ingredientes:

Para los tallarines aglio, olio e peperoncino:
Aceite (yo prefiero no freir con aceite de oliva virgen)
Ajo
Peperoncino (en este caso traído del mercado del Capo de Palermo)
Pimentón rojo de la vera (El toque autóctono)
Pasta larga (siempre prefiero los tallarines, odio los spaghettis. Manías que tiene uno)
Sal gorda

Para la ensalada:
Hojas verdes (hoy había lollo rojo y rúcula)
Tomate (de la huerta de Ulldecona: buenos, buenos y ya de temporada)
Queso fresco de cabra

Para la vinagreta al dulce de membrillo:
Dulce de membrillo ( si es casero, te mueres)
Aceite (Ahora sí, oliva virgen extra, y como siempre en casa, de la Cooperativa agrícola d’Ulldecona)
Balsámico
sal

Elaboración

¿Quién no sabe hacer pasta? El truco aprendido de mis amigos italianos es poner sal gorda al agua. Probadlo. Mientras, se fríe un ajo, cortado en láminas bastante gruesas, para que luego quede algo blandito en el interior.

Cuando empieza a dorarse, se aparta del fuego y se añade al aceite el peperoncino, que le dará el picante, y el pimentón que le dará color.

¿Otro truco? Escurrir la pasta y ponerla en la sartén del condimento durante un par de minutos, de esta manera se consigue que se impregne mucho más del sabor.

Vamos a por la vinagreta, que una ensalada no es para ingenieros. Siempre queda muy bien para las que llevan queso, echar un poco de dulce de membrillo. Se deshace con la ayuda de una cuchara o un tenedor y se añaden el aceite, la sal y el vinagre. Se emulsiona. El membrillo le aporta una dulzura comparable a la de la miel pero con el añadido de la fruta que siempre se relaciona con el queso.

¿Y de postre?

albaricoques

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italiano

El nombre de este bocadillo: “Glorioso”, tiene un doble objetivo, describirlo cuando está bien hecho y sobre todo, servir de homenaje a Gloria de Canela kitchen, que con su primer comentario ha hecho que tenga sentido este blog.

Los más avispados os preguntareis cómo un italiano puede homenajear a una chilena. Pues es bien sencillo, en  la angosta y larga franja de tierra al oeste del mundo es muy popular un tipo de fast-food autóctono del que destacaría un bocadillo conocido como “Italiano”.

Frankfurts, churrasco (carne de ternera a la plancha), carne mechada (ternera hervida) , ave (pollo), lomito (de cerdo o chancho) forman el elenco protagonista de una alineación de bocadillos que se pueden comer con diferentes “agregados”.

“Agregados” o guarniciones como Paltamayo (aguacate y mayonesa) que junto al tomate se convierten en un “Italiano”; porotos (judías) verdes y ají crean un “chacarero” y patatas fritas, cebolla y huevo frito le dan el adjetivo de “a lo pobre”.

En cualquier restaurante o bar de la geografía chilena siempre habrá un cocinero dispuesto a hacer cualquiera de estas especialidades. Desde los más populares que se amontonan bajo los soportales de la Plaza de Armas al histórico Domino’s, con impeclables camareros de punta en blanco que lo sirven con jugos de chirimoya, mango o piña.

En este caso, os quiero presentar el Italiano, cuya versión doméstica, además de sacarme del apuro en pensar en una cena más elaborada en incontables ocasiones, me acerca un poco a ese lugar del mundo que me trató tan bien. 

Ingredientes

1 buena salchicha que en España conocemos como de Frankfurt
Pan de viena de medida stándar
1 aguacate maduro, pero sin estar ennegrecido, los españoles pueden valer, si no tenemos alguna de las múltiples variedades que se encuentran en Chile
1 tomate maduro
mayonesa a voluntad

Elaboración

¿De verdad hace falta? Me da un poco de vergüenza, pero ahí va. Se abre el pan con cuidado de no romperlo, se tuesta para que resulte más crujiente y se hierve la salchicha. Mientras, se aplasta la palta o aguacate con la ayuda de un tenedor, sin llegar a hacer una pasta: hay que notar los trozos. El tomate se parte en pequeños cuadraditos.

Y nada, a montar. Salchicha, palta y tomate a voluntad y se acaba con la mayo. Ahora llega la mejor parte. Se arma uno con una servilleta y se come de manera lateral. No sé si me explico, quiero decir que no se cierra, si se ha hecho bien, no se puede. Hay que comerlo con los ingredientes en la parte de arriba. ¡A disfrutar!

chile  

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fabes

Viviendo lejos de Asturias es prácticamente imposible poder probar unas buenas fabes. Incluso allí, tampoco es una tarea fácil. Cada vez hay menos gente que las cultive, y por eso, actualmente es complicado encontrarlas hasta en los mercados locales.

Tradicionalmente, todas las familias dedicaban un “riego” de sus terrenos a plantarlas y así poder comerlas durante todo el año. Esa costumbre se pierde, por lo que que , si ahora alguien te ofrece fabes de casa,  es casi como si  te entregara una hija casadera con buena dote. 

Con ese tesoro, -las fabes, no la hija-, vuelvo cada año para preparar algún plato especial. En esta ocasión, en vez de perder una tarde intentando digerir una fabada, pensamos que lo mejor sería hacerlas con almejas.

Esta receta, también muy conocida, no es tan casera como la fabada. Normalmente se suele comer en restaurantes,  pero su versión doméstica es asequible para cualquiera y mucho más digerible que la conocida fabada.

Ingredientes:

1 puñado de fabes por persona
Almejas a voluntad del bolsillo
Una cebolla
1 hoja de laurel
Vino blanco
Perejil 

Elaboración:

Lo primero es poner la víspera las fabes en remojo. Se venden secas y duran incluso varios años, aunque con el tiempo suelen perder textura y algo de sabor. En esa misma agua fría, se cuecen junto a una cebolla partida por la mitad y una hoja de laurel.

Son extremadamente duras y necesitan una larga cocción, de unas dos horas, que se acelera “asustándolas”, es decir, cortando el hervor añadiendo agua fría de vez en cuando.

Cuando las fabes están prácticamente hechas; el caldo habrá engordado y algunas de ellas se habrán roto, se abren las almejas en una olla aparte con un poco de vino blanco. El caldo resultante se cuela y se agrega a la cocción de la legumbre. 

Para finalizar, se retira la cebolla y el laurel y unos minutos antes de servir, se agregan las almejas y un poco de perejil picado. ¿Fácil, no? Aunque un poco lento, eso sí.

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carquinyolis

Con esta receta me di cuenta de que muchas de las cosas que hacen en las pastelerías se pueden realizar en casa con algo de voluntad, mesura y buenos ingredientes.

Al verlos salir del horno, me sentí como un auténtico profesional de la pastelería e incluso pensé en retirarme al campo y dedicarme a una vida más relajada, y me vi alimentando un horno de leña, las manos sucias de harina, niños correteando y escuchándo a los pájaros piar.

De vuelta a la realidad, empecé a escuchar a las golondrinas que como cada año han vuelto, compré online una entrada para un concierto que se celebraba a dos manzanas de mi casa y quedé para celebrar el cumpleaños de un amigo que vive a tres paradas de metro. Decidí que dejaría el neorruralismo para más adelante y cogería con mis manos los piñones para esta receta dentro de unos años.

Los piñones le dan personalidad a esta receta. Piñones o almendras, avellanas, pistachos o cualquier otro fruto seco que se os pueda ocurrir, solo o en combinación. Por ejemplo, también están muy buenos con pistachos y avellanas o solo con almendras. Pero vamos a la fácil receta que aprendí del maestro Harry Haller.

Ingredientes:

Piñones a voluntad (o almendras, avellanas, pistachos, pasas… ¡Imaginación, amigos!)
100 gr de mantequilla (Aunque en pruebas recientes he visto que queda mejor sin ella o con muy poca)
150 gr. de azúcar blanco
2 huevos
Zumo y ralladura de limón
300 gr de harina
Levadura instantánea
Sal

Elaboración: 

Se tuestan los frutos secos en el horno y se pelan las posibles pieles. Mientras, se inicia la masa mezclando la mantequilla con el azúcar hasta que empiece a blanquear. Se van añadiendo los huevos, la ralladura de limón y el zumo. Luego se añade el resto de ingredientes; la harina, la sal, la levadura y los frutos secos elegidos. 

Sobre un papel de horno con algo de harina se pone esta masa, que habrá quedado basta y consistente, formando unas barras (normalmente saldrán dos) del ancho de los futuros carquiñolis.  

Y al horno, que estará caliente de haber dorado la fruta seca, a unos 180º. Cuando las barras estén doraditas, después de unos 20 minutos o media hora, se sacan del horno y se deja enfriar. Esto es importante para que se solidifique un poco la masa y se pueda cortar con más facilidad, que luego da mucha pena que se rompan todos por las prisas. 

Se cortan con un cuchillo de sierra, con movimientos cortos y amorosos, y se vuelven a poner al horno, unos 10 minutos por cada lado, eso a gusto del consumidor. Un poquito de vino dulce o leche y !a disfrutar!

carquinyolis2

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Es la pregunta que me he estado haciendo mucho tiempo. Y hasta ahora ha habido muchos motivos para no hacerlo. Pudor, vergüenza, el sentimiento de llegar tarde, la nula voluntad de promover la hipernarratividad que está ahogando este mundo en el que vivimos, la escasa necesidad de hacer públicos narcisismos carentes de autoestima, pereza, en definitiva, muchas.

¿Y por qué empezar  ahora? Para eso no tengo respuesta. Una tarde tonta, quizás, o, seguramente, sea mi manera de agradecer a todos aquellos con los que he disfrutado durante mucho tiempo leyendo sus consejos, recetas, datos y  conocimientos de lo más variado en infinidad de blogs.

Espacios en la red que se han convertido en uno de mis mayores puntos de unión con el mundo, desde que la tele fue expulsada del hogar junto al microondas. (Ambos están a buen recaudo, aunque lejos).

Arroz con bacalao no es mi plato preferido, pero sí lo son los dos ingredientes por separado. El arroz y el bacalao. En honor a ellos y a todos vosotros, nace un blog dedicado a la cocina y al comer, tan sencillo y tan complicado a la vez. A ver cómo nos va. Espero que lo compartamos.

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